martes, 14 de marzo de 2017

Estatutos del Sindicato Único del Ramo de la piel de Málaga (1931)



 



El día 9 julio de 1931 se firma los estatutos del Sindicato Único del Ramo de la Piel de Málaga y su Radio.

El sindicato tiene su domicilio social en la calle Tejón y Rodríguez nº 7

Dichos estatutos están firmados por un comité formado por el presidente y secretario del sindicato.

  • Casimiro Garrido Roy
  • Miguel Duarte Paniagua


Fuente documental: Archivo Histórico Provincial de Málaga



viernes, 3 de marzo de 2017

MARIANO YRIGOY AGUSTÍN (Juventudes Libertarias Málaga)





En una casa de dos plantas, muy cerca del Palacio Episcopal, vino al mundo Mariano Yrigoy. En la planta baja, su padre trabajaba haciendo sellos de goma y letreros de porcelana. Mariano creció viendo a su padre  trabajar. A la edad en que los niños, deben ingresar en la escuela, lo hizo nuestro amigo, siendo un  aventajado alumno  muy apreciado por sus maestros por su aplicación y bondad de carácter.

A los 16 años deja la escuela para ayudar a su padre, en cuyo oficio se hace un verdadero maestro. Cuando tenía 19 años una terrible enfermedad le arranca a su progenitor del trabajo, y meses después,  la vida. Y aquí tenemos a nuestro Mariano, haciendo frente a las necesidades del trabajo y del hogar.

Le conocí con ocasión de ir a encargar un sello de goma con la inscripción de la F.I.J.L. de Málaga. Se había constituido una Organización Juvenil, que andando el tiempo, había de dar lecciones a los mayores. En la fecha fijada, nos presentamos a recoger nuestro encargo. Mariano se encontraba solo ante la mesa de trabajo, nos interroga sobre el significado de las letras del sello y sobre nuestras aspiraciones juveniles. Se interesa por la lectura de aquellas ideas que defendíamos sin apenas conocerlas, y  para ello le facilitamos algunos libros y folletos que nos devolvió una vez leídos. Una fraternal amistad nació de aquel sello de goma.

Un día hablamos con él de nuestras aspiraciones,  la creación de un Ateneo Libertario donde los jóvenes pudieran educarse socialmente. El, nos ofrece su ayuda moral y económica para tan loable fin. Ésta nueva empresa apretó aún más los lazos que ya nos unían,  que sólo serían rotos por la muerte.

Ingresa en las J.J.L.L. a mediados de 1.933,  desde entonces hasta su desaparición es uno de sus  más activos militantes. Su preciada colaboración  e iniciativa, pronto se hicieron sentir. Se crearon Ateneos, pero no paraba ahí nuestra ilusión; ahora había que crear Escuelas Racionalistas,  con la voluntad más que con los medios económicos, se abre la primera en el Pasillo de Santo Domingo.

A la sazón, hace acto de presencia como Partido organizado la Falange Española tratando de imponerse por el terror. En efecto, los jóvenes de derechas acechan a los de Izquierdas, y a los que cogen, les hacen ingerir aceite de ricino. Mariano es unos de los primeros en ver el peligro de esa nueva organización; así lo expone en una reunión, sugiriendo la necesidad de hacerle cara sin demora. Una guerra a muerte se ha declarado entre la reacción y la libertad. Mariano hace, en más de cuatro ocasiones, beber a los falangistas el purgante de que eran portadores.

Mediado el año 1.934, con Gil Robles en el poder, los pistoleros de Falange tratan de asesinar a Mariano disparándole por la espalda en la Calle Lagunillas. Mariano responde a la agresión, hiriendo al jefe de los pistoleros, un tal Alora, que queda abandonado por sus chacales en medio de un gran charco de sangre. Sólo Mariano, que era humano hasta la exageración, quedó a su lado prestándole ayuda hasta que viene la ambulancia a recogerlo. Mariano, es detenido y abofeteado dentro de la comisaría por los falangistas y policías.

Pese a haber sido comprobado, por las declaraciones de testigos presenciales, que el joven libertario había obrado en defensa propia, es condenado por el Tribunal de Urgencia a ocho años de prisión. En la cárcel permanece hasta el triunfo del Frente Popular en que fue amnistiado, devolviéndonoslo más convencido de la razón que nos asistía en esta lucha sin igual.

En el mes de junio de 1.936, es muerto a tiros por un guardia municipal, el concejal comunista Andrés Rodríguez. Los comunistas hacen responsable a los libertarios de esta villanía, y se lanzan a la caza de nuestros militantes. Miguel Ortiz Ramos,  viejo militante de la alimentación, cae herido por varios balazos al abrir la puerta de su casa,  cuando llevaba entre sus robustos brazos a una niña de corta edad. Horas más tarde, es el joven libertario  Carlos Santiago el que cae muerto, frente al cuartel de carabineros por las pistolas rojas.

Las J.J.L.L. tienen necesidad de defenderse y defender a sus viejos y para ello se lanzan a la calle. Mariano no faltó a la cita. Hay varios encuentros entre ambos bandos sin víctimas.  Los comunistas, aterrorizados de su propia obra, se repliegan ocultándose,  protegidos por las fuerzas de asalto y la policía.

Mariano, tiene gran interés en aclarar la muerte de Rodríguez,  para convencer a los hijos de Stalin que los anarquistas no tenían arte ni parte en este asesinato, el cual fue aclarado un mes más tarde.

El 18 de julio ha llegado. Por el Parque y la Alameda, el capitán fascista Huelin, va leyendo el bando con la proclamación del estado de guerra. Mariano, desde el balcón de su casa, ve pasar la sección de soldados que manda el capitán traidor y se lanza a la calle en busca de sus compañeros. Desde aquel momento, es uno de esos héroes anónimos, que hicieron posible el triunfo  de nuestra causa venciendo a los sublevados.

Málaga se pierde para la causa republicana por el abandono del Gobierno, que no entrega armas para su defensa, y por la traición del Coronel Villalba. Mariano es uno de los que conoce la tragedia de aquella desordenada evacuación. Es uno de los últimos en salir de la capital,  por la carretera camina hacía Almería. Doscientos diez kilómetros sembrados de objetos abandonados, de cadáveres pudriéndose en las cunetas, de casas en ruinas por los bombardeos de los barcos fascistas.

En el campamento de Viator encuentra a muchos compañeros y amigos,  organizando la 88 Brigada bis, que es destinada al frente de Pozoblanco. No soy yo el llamado a hacer la historia del heroico comportamiento de esta Brigada Confederal,  que tanto fue admirada hasta por el mismísimo Pérez Salas.

Mariano, por entre los hongos de humos de los proyectiles, va acelerando el motor de su máquina; era el más intrépido enlace en los frentes del Sur.

Desde que estalló la guerra hasta que el  " Caudillo "  lanzó por las ondas el último parte de guerra, Mariano sigue montando sobre su máquina para transmitir órdenes y consignas.

Gana Alicante, dándose cuenta al primer vistazo de la situación de desorden que representa el puerto donde miles de personas esperan poder embarcar. Continúa camino de Valencia. Los fascistas recorren ya la ciudad. Son los momentos de confusión que precede a la derrota. Es difícil encontrar a un amigo, por lo que decide dirigirse a Zaragoza donde tiene un hermano de su padre. En su casa piensa pasar unos días  para reponerse y poder orientarse.

Su tío le acoge con cierta frialdad, de la que Mariano no quiere darse por enterado. Cuando más confiado estaba, un grupo de falangistas encabezado por su propio tío, irrumpe en la habitación donde leía, procediendo a su detención. Trasladado a Málaga, pasa muchos días en las  " checas " falangistas, y en el Cuartel de la Guardia Civil, donde es bárbaramente apaleado  sin lograr arrancarle ninguna confesión. Se encerró en un mutismo absoluto y el sumario se terminó con la acumulación de cientos de denuncias falsas que Mariano no negó sabiendo la inutilidad de su defensa.

La sala de la Audiencia está abarrotada de señoritas de falange. Mariano, tranquilo, toma asiento en el banquillo de los acusados. El fiscal vá trenzando acusaciones hasta confeccionar la cuerda con que ahorcar al reo. El abogado interviene con algunas palabras, que  más sirven de acusación que de defensa a su defendido, y el tribunal le condena a la última pena. Es entonces cuando Mariano con la sonrisa en los labios, se dirige a los falangistas para decirles;

VEO QUE HABEIS VENIDO NUMEROSOS A RECREAROS ANTE ESTE ESPECTACULO GROTESCO Y COMICO A LA VEZ. SIENTO EL NO HABEROS DADO EL PLACER DE VERME DESFALLECER ANTE EL FALLO, QUE YA CONOCIA DESDE EL MOMENTO DE MI DETENCION. PERO OS ADELANTARE QUE NO OS DARE EL PLACER DE MI AGONIA

Fuertemente esposado, entra en la prisión,  siendo trasladado  a  la celda  denominada  " la jaula”. Tres meses residirá en la misma. Mientras tanto,  su madre desoyendo los consejos del hijo querido  implora a todas  las autoridades su indulto. De todas partes  es echada destempladamente, pero ella, es mujer y madre, y seguirá implorando hasta que el agotamiento de tantas súplicas convirtiese en aves de dolor ante el cadáver de Mariano.

El auditor de guerra confirma la sentencia  - cómo siempre  - fijando el día de la ejecución.

Una noche,  cuando el toque de silencio se perdía por los últimos rincones de las galerías, llega el  juez  ejecutor a comunicarle la decisión del auditor. Mariano permanece con la tranquilidad del que recibe la noticia ya esperada,  solicita a la dirección que le dejen  tranquilo hasta la hora de la ejecución.  Rechaza con dignidad al cura, se acuesta por última vez en aquella celda,  que no me cansaré de citar.

Los gallos, anuncian desde los corrales cercanos la venida del día, la Guardia Civil, espera  la representación falangista que ha solicitado presenciar la ejecución,  cuando el cura con el director y demás oficiales seguidos de los falangistas abren la celda, se escapa un grito de odio de las gargantas de los discípulos de José Antonio. En el suelo blanco y negro de la celda hay un gran charco de sangre, y con éste líquido escrito en la pared:

-  VIVA LAS J.J.L.L.

 En el camastro,  un cadáver; el de Mariano que sostuvo su palabra de no darles la satisfacción a sus enemigos de verle morir.

Los presos, atentos a la  " saca ",  escuchan intrigados el ir y venir de los pasos, de la celda a la enfermería, y de ésta al centro, ¿ qué sucederá ?.

Es bien entrado el día cuando una camilla, portando el cadáver de nuestro amigo, es puesta sobre la camioneta de los civiles, que le conduce al cementerio, donde la fosa común le espera, y allí fue depositado Mariano Yrigoy cuando apenas contaba 23 años de edad.

Mariano murió  cómo supieron morir los verdaderos revolucionarios; como tantos jóvenes a los que trato de recordar y rendirles el tributo de mi amistad y sincera admiración.
Murió como un HOMBRE.

                                            Escrito por Luis Gallego Ponce